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viernes, 22 de noviembre de 2013

Traje seco con ropa interior anti radiactiva

Traje seco con ropa interior anti radiactiva

La radiación hace estragos y cuando se da un accidente nuclear, la preparación para limpiar el desastre y evitar más muerte y destrucción tiene toda una industria detrás. El traje seco de Yamamoto Corp. es un ejemplo, ya que utiliza diversas aleaciones para evitar que el residuo tóxico se pegue al rescatista o buzo. Completo y sin dejar nada desprotegido, el conjunto cuenta con ropa interior anti radiactiva.

El 11 de marzo de 2011 la historia de Japón otra vez tuvo que revivir los miedos históricos de las tragedias nucleares, cuando por los desperfectos ocasionados por el terremoto de Japón de ese año provocó una serie de incidentes dentro de la planta nuclear de Fukushima. Cuatro edificios del reactor nuclear principal se averiaron y los fallos en la refrigeración y la triple fusión del núcleo hicieron que se liberara radiación al exterior, convirtiéndose en una zona de alta peligrosidad. A casi 3 años del suceso, las tareas de mantenimiento a raya de la radiación y la limpieza de todo el parque nuclear siguen ocupando a miles de japoneses, que utilizando robots y equipos especiales, intentan devolverle la vida a la central nuclear. Para ellos se han inventado desde robots a trajes especiales anti radiación, y la Yamamoto Corporation se puso al frente con un traje con escudo anti radiación.

La empresa que lo fabricó insistió en que el traje ofrece mejor cobertura que los actuales, pero que además proporciona más agilidad y solvencia en profundidades. La primera capa de protección es ropa interior forrada de plomo que mantiene a los rayos gamma dañinos lejos de tu abdomen y la columna lumbar, lugares donde el daño podría ser irreparable. Sobre esa horrible ropa interior tendremos un traje seco con cobertura para rayos beta. En vez de ser de plomo y estar preparado para lidiar con el material radiactivo que se pegue a él, el traje está diseñado para que el material directamente no se pegue y los buzos no tengan que andar junto a la materia dañina. Para lograr este trabajo, el traje tiene costuras fusionadas, con protección extra para pies y manos, y se abre sólo desde la parte superior, a través de la máscara.

Ya en sus laboratorios produciendo el traje a escalas grandes, Yamamoto Corporation tiene pensado vender los trajes secos anti radiación a 1.000 dólares, ofreciendo las prendas interiores por unos 825 dólares adicionales. El costo no parece ser alto para estar hablando de un traje que lo pagará el Estado japonés, pero tampoco resulta un precio inasequible para las empresas que trabajan con radiación y quieren tener bien equipados a sus trabajadores. Incluso, teniendo en cuenta la locura que hay al respecto de la construcción de bunkers para sobrevivir al apocalípsis (vean este documental), estos trajes les van a calzar justito. Tal vez hasta sacan alguna versión con esas blancas cintas de sujeción que usaban en los hospitales psiquiátricos. (Neoteo)

sábado, 19 de octubre de 2013

Fuertes lluvias podrían haber aumentado radiación récord en pozo de agua de Fukushima

Fuertes lluvias podrían haber aumentado radiación récord en pozo de agua de Fukushima
ADMITEN FILTRACIONES

La radiación ha alcanzado un nivel récord en un pozo situado en la planta nuclear japonesa de Fukushima, cerca de una cisterna que sufrió un escape de 300 toneladas de agua tóxica en agosto, anunció la compañía operadora, TEPCO.

Tokyo Electric Power señaló que la radiación detectada en las muestras de agua de ese pozo, el jueves, era de 400 mil becquereles de sustancias emisoras de rayos beta por litro. Es el nivel más alto desde el accidente nuclear ocurrido en marzo de 2011, como consecuencia de un tsunami.

En las muestras extraídas en días anteriores, el nivel era de apenas 60 a 90 becquereles por litro. El escape de la cisterna fue descubierto en agosto. TEPCO dijo que desde entonces se retiró agua de esa cisterna, y la tierra situada alrededor.

"Otros pozos no tienen el mismo nivel. Tenemos que hacer más mediciones en las zonas situadas alrededor de ese pozo", dijo Masayuki Ono, portavoz de TEPCO, el viernes por la noche.

TEPCO ha retirado la mayor parte de la tierra contaminada por el vertido de agosto, pero podría no haber retirado todos los materiales radiactivos, precisó Ono. El portavoz dijo que las fuertes lluvias de los últimos días podrían haber contribuido a arrastrar materiales contaminados al pozo.

Tras el accidente de marzo de 2011, TEPCO vertió miles de toneladas de agua en los reactores para enfriarlos. El agua radiactiva está almacenada en unas mil cisternas, aunque la compañía admite que ha habido filtraciones al mar.

viernes, 31 de mayo de 2013

Curiosity revela que los exploradores de Marte absorberían altas dosis de radiación

El medidor RAD fue registrando la radiación durante el viaje de Curiosity a Marte. / NASA
A lo largo de su vuelo hasta Marte, el rover Curiosity fue registrando la radiación cósmica y solar que actuó sobre la nave. Los datos han permitido calcular que, con los sistemas de propulsión y protección actuales, la dosis recibida en un viaje de ida y vuelta al planeta rojo rondaría los 0,66 sievert, un dato de gran interés para las futuras misiones tripuladas al planeta rojo. Las agencias espaciales proponen que las tripulaciones no superen dosis de 1 sievert.  SINC

Durante la mayor parte de los 253 días que duró el viaje a Marte del rover Curiosity, que salió de la Tierra en noviembre de 2011, su medidor RAD –Radiation Assessment Detector– fue registrando la radiación dentro de la nave.
Ahora se publican en Science los datos, que ofrecen una idea a los científicos del peligro que puede suponer esta radiación ionizante para las misiones con humanos que se están preparando al planeta rojo.

Los resultados han servido para deducir que la dosis equivalente que recibiría un astronauta solo durante el viaje de ida y vuelta, sin contar la estancia y con los blindajes antirradiación y sistemas de propulsión actuales, sería de unos 0,66 sievert (Sv). El tiempo en la superficie marciana podría aumentar considerablemente esta cifra.

La dosis equivalente mide el efecto de las radiaciones sobre los tejidos biológicos, y la exposición prolongada a dosis de 1 Sv se asocia con un aumento del 5% en el riesgo de padecer un cáncer mortal, según diversos estudios. De hecho las agencias espaciales proponen que las tripulaciones no superen ese valor.

Por comparar, la Comisión Internacional de Protección Radiológica (ICRP) y la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) recomiendan no superar una dosis de 0,1 Sv al año en las instalaciones terrestres. Los tripulantes de la Estación Espacial Internacional, por ejemplo, también lo cumplen.

“Dejamos a otros la valoración sobre qué niveles de riesgo son aceptables en las misiones tripuladas”, comenta a SINC el autor principal del estudio, Cary Zeitlin, del Southwest Research Institute (EEUU), que subraya: “El trabajo de nuestro equipo es tomar las mejores medidas posibles para que las personas que tengan que tomar las decisiones dispongan de una información muy precisa”.

Lo que sí destaca el científico son las dos formas de radiación que supondrán un riesgo para la salud en los largos viajes espaciales: la dosis baja pero constante de rayos cósmicos galácticos (GCR) y la posible exposición súbita a las partículas energéticas solares (SEP) procedentes de una llamarada del Sol.

“Un evento SEP podría causar grandes problemas en una misión a Marte, pero estadísticamente es algo poco probable, además de que las naves espaciales para estos viajes contarían con un ‘refugio frente a la tormenta’, un pequeño habitáculo bien blindado donde la gente pudiera cobijarse”, señala Zeitlin.

“Por otra parte, el daño biológico de la exposición a los iones pesados de los GCR ​​todavía no se conoce bien, por lo que es difícil protegerse de este tipo de partículas –añade–. Por tanto, yo diría que estos rayos cósmicos galácticos suponen el problema más grande”.

Respecto a las formas de protegerse frente a la radiación, el investigador recuerda los tres métodos que se aplican en la Tierra: “A las personas que trabajan en instalaciones terrestres con fuentes de radiación se les enseña que hay tres puntos clave: maximizar la distancia a la fuente, poner un blindaje protector entre medias y reducir al mínimo el tiempo de exposición”.

¿Viajes más cortos?
Según Zeitlin, la primera medida no tiene sentido en el espacio porque la fuente está en todas partes, y el blindaje ayuda solo un poco, por lo que minimizar el tiempo de exposición es lo que realmente ayudaría: “Esto significa que lo mejor sería desarrollar sistemas de propulsión más rápidos para hacer el viaje más corto”.

Los científicos también proponen e investigan el desarrollo de contramedidas frente a la radiación, como medicamentos o suplementos nutricionales que los tripulantes pudieran tomar durante el largo viaje.
En cualquier caso, los datos que ha tomado y sigue tomando el Curiosity van a resultar de gran interés, no solo para conocer la radiación, sino también muchos otros aspectos del entorno y las condiciones que se encontrarán los astronautas.

Referencia bibliográfica: C. Zeitlin et al.: "Measurements of Energetic Particle Radiation in Transit to Mars on the Mars Science Laboratory". Science340, 31 de mayo de 2013.

viernes, 12 de abril de 2013

Nueva fuga en Fukushima: Lo que la radiación le hace al cuerpo

Fukushima sigue liberando radiación
Otras 160 toneladas de agua radiactiva fueron vertidas al suelo desde la central nuclear Fukushima, según informó TEPCO, operadora de la planta. El cesio y el estroncio radiactivos (ambos elementos liberados por Fukushima en enormes cantidades durante los últimos dos años) multiplican la posibilidad de padecer cáncer de huesos, de músculos o tumores cerebrales, entre otras patologías. El alcance de la contaminación de la central japonesa es global.

(U24)  Hasta 160 toneladas de agua radiactiva se han escapado de los tanques de almacenamiento en la central nuclear de Fukushima, contaminando el suelo circundante, según informó TEPCO, la compañía operadora de la planta.

La fuga ha sido detectada en tres cisternas de agua - almacenada para enfriar los reactores de la central - de las siete que hay en la planta Fukushima-1. En total se han derramado más de 160 toneladas de líquido con sustancias radiactivas. De acuerdo con la empresa operadora, el agua no ha llegado hasta el océano.

Al principio, la fuga se produjo en el primer tanque tras un error en la transferencia de agua desde otro depósito, un daño del que TEPCO informó este fin de semana. El vertido se ha logrado detener. Los especialistas sugieren que el depósito, que ahora está al 55% de su capacidad, está dañado en la parte superior.

El 11 de marzo de 2011 un terremoto de magnitud 9 en la escala de Richter sacudió el noreste de Japón y como consecuencia se produjo un gigante tsunami. La catástrofe provocó una crisis en la central nuclear de Fukushima, dejó más de 18.000 muertos y desaparecidos y causó graves daños materiales pues alrededor de 380.000 edificios quedaron destruidos.
Cerca de 3.500 empleados trabajan en la actualidad en la planta para retirar los residuos radiactivos y desmantelar las unidades dañadas, un proceso que puede llevar hasta cuatro décadas.

Lo que le hace al cuerpo
En el núcleo de un reactor nuclear a partir de la fisión del uranio, existen más de 60 contaminantes radiactivos, unos de vida larga y otros de corta, que se acumulan en él, por ser parecidos a nuestros elementos biológicos.

Entre ellos, el yodo, el estroncio 90 y el cesio (C-137) son algunos de los contaminantes más perjudiciales para la salud humana, que aumentan el riesgo de padecer todo tipo de cánceres y disminuyen la inmunidad del organismo. La afección del yodo es inmediata, provoca mutaciones en los genes y aumenta el riesgo de cáncer, especialmente de tiroides.

El cesio se deposita en los músculos, mientras el estroncio se acumula en los huesos, durante un periodo mínimo de 30 años. Ambas sustancias multiplican la posibilidad de padecer cáncer de huesos, de músculos o tumores cerebrales, entre otras patologías.

Las radiaciones afectan también al sistema reproductivo, más a las mujeres que a los hombres. Los espermatozoides se regeneran totalmente cada 90 días, sin embargo, los óvulos permanecen en los ovarios toda la vida y si un óvulo es alterado por la radiación y fecundado posteriormente, se producirán malformaciones en el feto, incluso años después.

Cuando la principal vía de contagio es la inhalación, sólo es efectivo ingerir pastillas de yodo. El tiroides va eliminando el yodo sobrante y de esta forma, cuando se satura de yodo normal puede ir eliminando el yodo radiactivo inhalado.
Si el contacto es a través de la piel, se elimina lavándose con detergente tanto el cuerpo, como el pelo y las uñas, y desechando la ropa.

La unidad de medida de la intensidad de la radiación es el gray (Gy) que cuantifica la dosis absorbida por el tejido vivo. Un gray equivale a la absorción de un joule de energía ionizante por un kilogramo de material irradiado. Esta unidad se estableció en el año 1975.

A partir de la acumulación de un gray de radiación en el cuerpo humano, se produce malestar general, dolores de cabeza, náuseas, vómitos, fiebre y diarrea.
Entre dosis de 3 y 5 grays, el equivalente a lo que se suele utilizar en tratamientos de radioterapia, se producen hemorragias, anemia e infecciones por la disminución de glóbulos blancos.

Al superar los seis grays, se puede originar la muerte en unos días o en sólo unas horas, debido a que los efectos de la radiación son acumulativos. Con dosis de más de 15 grays se produce inevitablemente la muerte.

Los trastornos más frecuentes producidos por el exceso de radiación son el cáncer, las alteraciones gastrointestinales, afecciones de la médula ósea, así como del aparato reproductor (infertilidad, malformaciones) y el debilitamiento del sistema inmunológico.
El medio ambiente también sufre las consecuencias potenciales de las radiaciones desencadenadas por la fusión del núcleo, que puede afectar a un área de decenas de kilómetros a la redonda.

La contaminación nuclear se deposita en el suelo y en el mar y se incorpora a la cadena alimentaria de los seres vivos mediante un proceso de bioacumulación. Va pasando de unos a otros, entre plantas, animales y seres humanos.
En general, los efectos de la radiactividad son acumulativos y una exposición, aunque sea pequeña y continua, resulta peligrosa.

Una buena
La irradiación interna de los habitantes de Fukushima provocada por el consumo de alimentos contaminados con cesio radioactivo es menor de lo esperada, según un estudio publicado este jueves.

Tras haber examinado a 33 mil personas durante más de un año, entre octubre de 2011 y noviembre de 2012, un equipo de la Universidad de Tokio sólo encontró cesio (del tipo 137 o 134) en un 1% de los individuos.
"Este estudio demuestra que el nivel de irradiación interna provocada por la comida es extremamente bajo", dijo el equipo del profesor Ryugo Hayano. El buen resultado se explicaría por la eficacia de los controles para retirar rápidamente de la venta productos contaminados.

Los resultados en Fuksuhima, donde en marzo de 2011 tuvo lugar un accidente nuclear provocado por un sismo y un tsunami, son mejores de lo esperado comparados con la catástrofe de Chernobil de 1986 en Ucrania.

Los investigadores piden sin embargo que se siga controlando la alimentación. Aunque la radiactividad del cesio 134 puede desaparecer en dos años, no es el caso del cesio 137, que puede ser contaminante durante 30 años.