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miércoles, 23 de octubre de 2013

Hallan el “reloj biológico” del ADN

Una reciente investigación de la Universidad de California-Los Ángeles (UCLA) EEUU, publicada en la revista Genome Biology revela que existe un reloj biológico incrustado en nuestro genoma que puede aportar pistas sobre por qué nuestro cuerpo envejece y hasta cómo frenar el proceso. Los autores vaticinan que este hallazgo podría ofrecer información valiosa sobre el cáncer y la investigación con células madre.

Según informó el diario El Mundo, mientras que relojes descubiertos anteriormente relacionaron con la saliva, las hormonas y los telómeros, el nuevo trabajo es el primero en identificar un reloj interno capaz de medir con precisión la edad de diversos órganos, tejidos y tipos de células y hasta incluso señala que algunas partes de la anatomía, como el tejido de los senos de una mujer, envejecen más rápido que el resto del cuerpo.

Steve Horvath, profesor de Genética Humana en la Escuela de Medicina de UCLA y de Bioestadística en la Escuela de Salud Pública Fielding de UCLA indicó con relación el trabajo que localizar el conjunto de biomarcadores que mantienen la hora en todo el cuerpo “fue un desafío de cuatro años” y que su meta “es ayudar a los científicos a comprender qué acelera y ralentiza el proceso del envejecimiento humano”.

Para crear este reloj, Horvath se centró en la metilación, un proceso natural que altera químicamente el ADN. En concreto, tamizó 121 conjuntos de datos recogidos con anterioridad por los investigadores que estudiaron la metilación en los tejidos humanos sanos y cancerosos. Tras recoger información de alrededor de 8.000 muestras de 51 tipos de tejido y células de todo el cuerpo, trazó cómo la edad afecta a los niveles de metilación de ADN desde el prenacimiento a los 101 años.

Para identificar el reloj, se concentró en 353 marcadores que cambian con la edad y están presentes en todo el cuerpo. El experto probó la eficacia del reloj mediante la comparación de la edad biológica de un tejido a su edad cronológica y resultó exacto en varias ocasiones. "Es sorprendente que se pueda desarrollar un reloj que marca el tiempo con fiabilidad a través de la anatomía humana", admitio Hovarth.

Si bien la mayoría de las edades de las muestras biológicas coincidieron con su edad cronológica, otras divergieron considerablemente. Por ejemplo, se descubrió que las edades de tejido mamario de la mujer son más elevadas que las del resto de su cuerpo, precisamente entre dos y tres años mayor si es sano y 12 años más viejo si la mujer sufre cáncer de mama. Este resultado podrían explicar por qué por qué la edad es un factor de riesgo para muchos tipos de cáncer en ambos sexos.

Horvath analizó también las células madre pluripotentes, células adultas que fueron reprogramadas a un estado de célula madre embrionaria, lo que les permite formar cualquier tipo de célula en el cuerpo y continuar dividiéndose indefinidamente.

"Mi investigación muestra que todas las células madre son recién nacidas", sentenció, agregando que el proceso de transformación de células de una persona en células madre pluripotentes reajusta el reloj de las células a cero.

De acuerdo al diario español, el descubrimiento prueba que los científicos pueden retroceder el reloj biológico del cuerpo y restaurarlo a cero. Pero la gran pregunta es si el reloj biológico controla un proceso que lleva al envejecimiento. "Si es así, el reloj se convertirá en un biomarcador importante para el estudio de nuevos enfoques terapéuticos para mantenernos jóvenes", auguró este investigador.

Por último, Horvath descubrió que el ritmo del reloj se acelera o ralentiza en función de la edad de una persona y especificó que su “tic tac” es “mucho más rápido cuando nacemos y durante el crecimiento de los niños a adolescentes y luego disminuye a un ritmo constante al llegar a los 20".

En un hallazgo inesperado, las células de niños con progeria, una enfermedad genética que causa envejecimiento prematuro, parecían normales y reflejaban su verdadera edad cronológica.
UCLA solicitóp una patente provisional para el reloj de Horvath y sus siguientes estudios se centrarán en examinar si al parar el reloj del cuerpo se detiene el envejecimiento o aumenta el riesgo de cáncer.
Fuentes: ELMUNDO.es VIA DocSalud

martes, 22 de octubre de 2013

Biomarcadores permitirán identificar el alzhéimer hasta 10 años antes de sus primeros síntomas

Detectar el alzhéimer antes de que aparezca podría ser posible gracias a una serie de biomarcadores que acaban de identificar un equipo de investigadores de la Universidad Johns Hopkins (EE.UU.). Los expertos afirman que medir los niveles de ciertas proteínas en el líquido cefalorraquídeo (LCR ) puede predecir el deterioro cognitivo de la enfermedad de Alzheimer antes de que aparezcan los primeros síntomas de pérdida de memoria.

La identificación de dichos biomarcadores podría proporcionar la herramienta tan buscada para facilitar el uso temprano de los tratamientos con el fin de prevenir o detener la progresión de la enfermedad, sin que las personas hayan sufrido el deterioro cognitivo.

La mayoría de los ensayos clínicos realizados con fármacos dirigidos a detener el daño cerebral del alzhéimer han fracasado. Y muchos expertos creen que el principal problema radica en que se administran cuando el deterioro cerebral ya se ha producido, y los pacientes ya tienen síntomas. «Cuando vemos a pacientes con hipertensión y colesterol alto no esperamos a tratar a que se presente insuficiencia cardíaca. Y, en el alzhéimer, podría ser posible hacer lo mismo», afirma Marilyn Albert, investigadora principal del estudio que se publican en Neurology. «Sin embargo, hasta ahora ha sido muy difícil predecir con antelación la enfermedad, a pesar de que sabemos que comienza a desarrollarse en el cerebro por lo menos una década antes de la aparición de los primeros síntomas».

Para el nuevo estudio , los investigadores analizaron una serie de biomarcadores recogidos en la base de datos BIOCARD - un proyecto realizado entre 1995 y 2005 sobre biomarcadores de demencia-, en 265 voluntarios sanos de mediana edad. Unas tres cuartas partes del grupo tenían un familiar cercano con enfermedad de Alzheimer, un factor de riesgo para el desarrollo de este trastorno.

Durante el periodo que duró el trabajo, 1995-2005, se les realizó anualmente una serie de pruebas neuropsicológicas a los voluntarios, que se repitieron a partir de 2009. Los resultados mostraron dos proteínas claves ya conocidas: tau fosforilada y la beta-amiloide que se encuentran en el líquido cefalorraquídeo. Las dos predecían el deterioro cognitivo leve -a menudo un precursor de la enfermedad de Alzheimer- al menos cinco años antes del inicio de los síntomas Además, vieron que cuanto mayor cantidad de tau y menor de beta amiloide, más probabilidad de desarrollar los síntomas. Aunque ya se sabe que estas proteínas están presentes en el líquido cefalorraquídeo de pacientes con enfermedad avanzada, los investigadores se cuestionaron si también lo estaban en personas cognitivamente. «Y la respuesta es sí», señaló Albert.
Placas y ovillos

Los cerebros de las personas con alzhéimer tienen una abundancia de dos estructuras anormales: placas amiloides y ovillos de la proteína tau. Las placas, explican los investigadores, son acumulaciones de la proteína beta- amiloides que se acumulan fuera de las neuronas, mientras que los nudos u ovillos se forman dentro de las neuronas. Y cuando se produce esta situación, las células comienzan a morir. En un cerebro normal, la proteína tau ayuda a mantener la estructura neuronal, mientras que en uno con alzhéimer ocurre justo lo contrario.

Aunque el estudio BIOCARD es de hace casi dos décadas, estos son los primeros datos concluyentes, debido especialmente a que hace falta tiempo para que una persona de mediana edad progrese a una demencia. En este caso, solamente 53 de los voluntarios originales habían progresado a un deterioro cognitivo leve o demencia, una muestra, considera Albert, lo suficientemente grande como para sacar conclusiones preliminares. Los primeros síntomas incluyen trastornos de memoria.

No obstante Albert advierte que la proporción de biomarcadores en este momento no es lo suficientemente precisa como predecir con precisión si una persona está o no progresando a demencia y hace falta un mayor análisis de este grupo a más largo plazo. Sin embargo, los resultados son válidos, "no sólo podrían guiar el uso de los primeros tratamientos con los fármacos ya disponibles, sino que también pueden ayudar a probar nuevas drogas". Fuente: ABC.es