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lunes, 30 de septiembre de 2013

La medicina y los grandes volúmenes de datos

Joel Dudley investigador del hospital Mount Sinai
  habla sobre cómo la secuenciación del ADN
podría cambiar la atención sanitaria.
Varios expertos de Facebook y laboratorios de genética colaboran para ayudar a los médicos a hacer predicciones personalizadas sobre sus pacientes.
POR COURTNEY HUMPHRIES TRADUCIDO POR FRANCISCO REYES (OPINNO)

En la planta baja del nuevo y gigantesco edificio hospitalario y de investigación en Manhattan del Centro Médico Mount Sinai, varias filas de bastidores de metal negro vacíos esperan la llegada de procesadores y discos duros. Acogerán el nuevo cluster de computación del centro, que se añadirá al superordenador de 2,2 millones de euros que ya está en funcionamiento en el sótano de un edificio cercano.

La persona que dirige el diseño del nuevo ordenador es Jeff Hammerbacher, de 30 años y conocido por ser el primer científico de datos de Facebook. Hammerbacher está aplicando las mismas técnicas de cálculo de datos utilizadas para dirigir los anuncios en línea, pero en este caso se aplican en un motor de gran alcance que usará la información médica para ofrecer predicciones que podrían reducir el coste de los cuidados sanitarios.

Cada año se gastan 3 billones de dólares (2,2 billones de euros) en servicios de salud en EE.UU., así que este podría ser el mayor reto al que se han enfrentado los grandes volúmenes de datos, o big data, hasta ahora. "Nos vamos a concentrar en ello, porque creemos que puede ser valioso para los hospitales", señala Hammerbacher.

Mount Sinai tiene 1.406 camas y una escuela de medicina, y da tratamiento a medio millón de pacientes al año. Cada vez más, su gestión es parecida a la de un negocio dedicado a la información: ha creado un biobanco de muestras de ADN y plasma de 26.735 pacientes, este año ha terminado la instalación de un sistema de registros médicos electrónicos valorado en 120 millones de dólares (89 millones de euros), y ha hecho una fuerte inversión para reclutar a expertos informáticos como Hammerbacher.

Todo esto es parte de una "apuesta monstruosamente grande por la importancia de los datos", afirma Eric Schadt, biólogo computacional y director del Instituto Icahn de Biología Genómica y Multiescala en Mount Sinai, donde tiene su sede Hammerbacher, y que reclutó a la empresa de secuenciación de genes Pacific Biosciences hace dos años.

Mount Sinai espera que los datos le permitan lograr el éxito dentro un sistema de salud que está cambiando de forma radical. Resulta perverso, pero los hospitales tienden a ganar más cuanto más enfermen sus pacientes, ya que emiten facturas por cada procedimiento. No obstante, la reforma de salud iniciada en Washington está presionando a los hospitales para que sigan un nuevo modelo, denominado 'cuidado responsable', por el que reciben dinero por mantener a la gente sana.

Mount Sinai ya forma parte de un experimento que la agencia federal que supervisa Medicare (uno de los programas públicos de salud en EE.UU.) ha organizado para poner a prueba estas ideas económicas. El año pasado logró que se unieran 250 consultorios médicos, clínicas, hospitales y otros centros para acordar un seguimiento más detallado de los pacientes. Si las organizaciones médicas logran reducir los costes y obtener mejores resultados, reciben una porción de los ahorros. Si los costes suben, pueden enfrentarse a sanciones.

Los nuevos incentivos económicos, asegura Schadt, ayudan a explicar el hambre repentina que tiene el hospital por los datos, y los grandes gastos de contratación de 150 personas durante el último año solo en el instituto que dirige. "Lo que queremos es utilizar todos los recursos y datos para evaluar mejor a la población a la que estamos tratando", afirma.

Mount Sinai ya lo está haciendo mediante un modelo de computación en el que se utilizan factores como las enfermedades, las anteriores visitas al hospital, e incluso la raza, para predecir qué pacientes tienen mayores probabilidades de volver al hospital. Ese modelo, construido con datos de reclamaciones hospitalarias, indica a los médicos qué personas con enfermedades crónicas deben recibir más llamadas de seguimiento y ayuda adicional. En un estudio piloto, el programa redujo los reingresos a la mitad, y la puntuación de riesgo se está utilizando actualmente en todo el hospital.

Las nuevas instalaciones de computación de Hammerbacher están diseñadas para impulsar el descubrimiento de tales conocimientos. Se va a utilizar una versión de Hadoop, un software que distribuye los datos en varios ordenadores y es muy popular en varias industrias, como la del comercio electrónico, que generan grandes cantidades de información de rápido cambio.

En comparación los datos de los pacientes son escasos, y no muy dinámicos. Se añaden registros con poca frecuencia, y no se añade ninguno en absoluto si el paciente visita otro hospital. Eso supone una limitación, afirma Hammerbacher. Sin embargo, espera que la tecnología de big data se utilice para buscar conexiones entre, por ejemplo, las infecciones hospitalarias y el ADN de los microbios presentes en una UCI, o para hacer un seguimiento de los flujos de datos procedentes de pacientes que utilicen monitores en el hogar.

Una de las personas con las que va a estar trabajando es Joel Dudley, director de informática biomédica en la Facultad de Medicina de Mount Sinai. Dudley ha estado gestionando información recogida de pacientes con diabetes (como por ejemplo niveles de azúcar en la sangre, altura, peso y edad) a través de un algoritmo que la agrupa en una red de nodos. En aquellos 'puntos álgidos' donde los pacientes diabéticos muestran similitudes, trata de averiguar si comparten atributos genéticos. De ese modo la información del ADN podría usarse para las predicciones sobre los pacientes.

Uno de los objetivos de este trabajo, que todavía no está publicado, es reemplazar las directrices generales que los médicos a menudo usan para decidir cómo tratar a los diabéticos. En su lugar, unos nuevos modelos de riesgo basados en genómica, análisis de laboratorio, registros de facturación y datos demográficos, podrían hacer predicciones actualizadas sobre el paciente que el médico está viendo, de forma muy similar a cómo un anuncio web se adapta en función de quiénes somos y los sitios que hemos visitado recientemente.

Ahí es donde entra en juego el big data. En el futuro, cada paciente estará representado por lo que Dudley denomina como un "gran dossier de datos". Y antes de ser tratados, o incluso diagnosticados, el objetivo será "compararlos con todos los pacientes que hayan entrado anteriormente por la puerta del Mount Sinai", asegura. "[Entonces] podrás afirmar cuantitativamente cuál es el riesgo de esa persona en base a los otros pacientes que ya hemos visto".

martes, 28 de mayo de 2013

En medio de un diluvio de datos, las empresas buscan cubrir nuevos puestos




Un trabajo inventado en Silicon Valley se está generalizando ahora que cada vez más industrias intentan sacar ventaja gracias a los grandes datos. POR JESSICA LEBER TRADUCIDO POR LÍA MOYA (OPINNO)
La descripción de puesto "científico de datos" no existía hace cinco años. Nadie ponía anuncios buscando a un experto en ciencia de datos y no podías ir a una facultad para especializarte en el campo. Pero en la actualidad, las empresas se pelean por reclutar a estos especialistas, las universidades empiezan a ofrecer cursos para convertirse en uno y la revista Harvard Business Review ha llegado a proclamar que el trabajo de científico de datos es el "más sexy" del siglo XXI.

Los científicos de datos toman enormes cantidades de datos e intentan extraer información útil de ellos. El trabajo combina estadística y programación para identificar los factores, a veces sutiles, que pueden tener un gran impacto sobre los resultados de una empresa, desde si una persona clicará sobre un determinado tipo de anuncio, a si un nuevo químico resultará tóxico para el cuerpo humano.

Aunque Wall Street y las industrias de la publicidad y los automóviles siempre han contratado a profesionales encargados de los datos para darle sentido a las estadísticas empresariales, el auge de esta especialidad refleja la tremenda expansión de la variedad de datos disponibles ahora en algunas industrias, como las que recogen datos sobre clientes en la Web. Hay más datos de los que un gestor individual es capaz de manejar, demasiados, cambiando demasiado rápido como para que se puedan analizar con los enfoques tradicionales.

Ahora que los smartphones prometen convertirse en una nueva fuente de datos valiosos para los comercios, por ejemplo, Walmart está compitiendo por contratar a más científicos de datos y ha anunciado decenas de puestos, incluyendo un "Ingeniero de Datos Grandes y Rápidos". Los sensores en las fábricas y los equipos industriales también están produciendo montones de nuevos datos, lo que ha llevado a General Electric a contratar científicos de datos para analizar estas fuentes de datos.

El término "ciencia de los datos" lo acuñaron en Silicon Valley en 2008 dos analistas de datos que en aquel momento trabajaban en LinkedIn y Facebook. Ahora muchas start-upsestán basando su negocio en su capacidad de analizar grandes cantidades de datos, a menudo de fuentes muy distintas. ZestFinance, por ejemplo, tiene un modelo predictivo que usa cientos de variables para decidir si un prestamista debe ofrecer un crédito de alto riesgo. El riesgo a asegurar que obtiene es un 40 por ciento menor que el soportado por los prestamistas tradicionales, afirma el científico de datos de ZestFinance John Candido. "Para nosotros, todos los datos son datos de crédito", afirma.
La de científico de datos se ha convertido en una descripción de puesto de trabajo muy popular en parte porque ha servido para unir toda una serie de roles mal definidos y que se solapaban, según Jake Klamka, que dirige un programa de seis semanas para colocar a doctores en campos como las matemáticas, la astrofísica e incluso neurociencia en este tipo de trabajo. "Aceptamos a cualquiera que trabaje con muchos datos en sus investigaciones", explica Klamka. "Necesitan saber programar, pero también tienen que tener importantes habilidades de comunicación y curiosidad".

Los mejores científicos de datos se definen tanto por su creatividad como por su habilidad a la hora de escribir código. Kaggle es una empresa que organiza concursos en los que los científicos de datos compiten para encontrar la mejor manera de darle sentido a series de datos ingentes (ver "El análisis de datos como disciplina deportiva"). Gran parte de los principales "Kagglers" (hay 88.000 registrados en el sitio) vienen de campos como la astrofísica o la ingeniería eléctrica, afirma el director ejecutivo de la empresa, Anthony Goldbloom. El participante mejor situado es un estadístico de Singapur.

Y las universidades empiezan a responder a las necesidades del mercado de trabajo. La Universidad de Stanford (EE.UU.) planea lanzar un máster en ciencia de datos en su departamento de estadística, según el director del departamento Guenther Walther. Ya han empezado alrededor de una decena de programas en otras universidades, incluyendo la Universidad de Columbia y la Universidad de California en San Francisco (ambas, EE.UU.). En Abril, Cloudera, una empresa que vende software para procesar y organizar grandes volúmenes de datos, anunció que trabajaría con siete universidades para ofrecer a sus alumnos formación profesional para trabajar con las tecnologías de "grandes datos".

Mark Morissey, director de programas educativos de Cloudera afirma que prevé una escasez de personal cualificado y que "el mercado no va a crecer al ritmo al que quiere actualmente". Esto ha empujado los salarios al alza. En Silicon Valley, los salarios para científico de datos sin experiencia están en torno a los 110.000 - 120.000 dólares (unos 84.000 a 92.000 euros).

Otros creen que la tendencia podría generar un nuevo campo de subcontratación. Shashi Godbole, científico de datos de Bombay (India) que está clasificado el 20º en la lista de Kaggle, acaba de completar un trabajo de consultoría por horas organizado por Kaggle, un nuevo negocio en el que se está metiendo la plataforma. Hizo trabajo para una diminuta organización sin ánimo de lucro dedicada a la promoción de la salud en Chicago y ahora se ofrece para más trabajos (gana 200 dólares la hora -unos 155 euros- y Kaggle factura 300 dólares la hora -unos 230 euros-). De momento su trabajo para Kaggle es a tiempo parcial, pero afirma que algún día podría convertirse en su mayor fuente de ingresos.

Para los propios científicos de datos, el trabajo es decididamente menos sexy de lo que lo pintan. Josh Wills, director senior de ciencia de datos en Cloudera, afirma que la mayor parte del tiempo su trabajo consiste en limpiar datos desordenados, colocándolos en sus columnas correspondientes y ordenándolos, por ejemplo.

"Soy un bedel de datos. Ese es el trabajo más sexy del siglo XXI", afirma. "Es muy halagador, pero también es un poco desconcertante".